Pan y Circo

Pan y Circo

Se cree que en tiempos del Imperio Romano se dieron cuenta de lo fácil que resulta controlar a todo el conglomerado de la ciudadanía, descubrieron que solo tenían que cubrir las necesidades básicas y mantenerlos entretenidos. Mientras tuvieran el estómago lleno y la mente distraída, la clase dirigente podría manejar a su antojo los asuntos de estado y decidir el destino de la nación. Parece triste pero es una realidad, y así lo describió el poeta Juvenal en el siglo I con su frase

“Panem et circenses” dentro de su Sátira X

Buscando el Pan

Buscando el Pan

Ya entonces había corrupción, intrigas palaciegas, nepotismo, malversación de fondos públicos y privados, favoritismos, chantajes y sobornos. Pero mientras el pueblo tuviera su Pan y Circo, no había nada que temer, todo estaría bajo control puesto que no se entrometerían en temas políticos mientras tuvieran el estómago lleno y la mente distraída.

Pero a lo largo de la historia, muchos gobiernos olvidaron este “principio” y dejaron al pueblo sin pan o sin circo y hubo insurrecciones, políticas y religiosas, surgieron revoluciones populares, caídas de imperios, derrocamientos de reinados o presidencias e incluso decapitaciones de reyes o mandatarios.

Hubo gobiernos dictatoriales que prohibieron o limitaron el circo o la “libertad” de entretenerse y lo sustituyeron con pan y miedo, pero fueron gigantes con pies de paja que tras tener cubierto el primer nivel fisiológico de la pirámide de Maslow la población quiso alcanzar el segundo de la seguridad.

Veinte siglos después, en estos tiempos convulsos en los que nos ha tocado vivir han vuelto a olvidar este principio y han querido suplir el pan con el exceso de circo, haciéndonos creer o incluso tal vez creyéndose ellos mismos, que no nos daríamos cuenta, que al estar entretenidos con victorias deportivas, éxitos cinematográficos, premios musicales, no nos haría falta comer y nos daríamos cuenta de sus excesos. Pero la fisiología impera y el hambre se impone, aparte de que estamos acostumbrados como mínimo al segundo nivel, el de la seguridad y la la necesidad básica de una vivienda digna, la ausencia de un trabajo, de una sanidad pública y gratuita, de una educación de calidad hace que comencemos a movernos y hacernos escuchar.

No es una crítica a este gobierno, ni siquiera al anterior, es una evidencia patente. Ya retrataba Benito Pérez Galdós en 1913 en “La fe nacional y otros escritos sobre España” la sociedad de esta manera:

“Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos… Si nada se puede esperar de las turbas monárquicas, tampoco debemos tener fe en la grey revolucionaria (…) No creo ni en los revolucionarios de nuevo cuño ni en los antediluvianos (…) La España que aspira a un cambio radical y violento de la política se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra. Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis ética, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental”

Y hoy en día, justo un siglo después, este discurso sigue vigente, repetimos la misma realidad en la que nos sumíamos hace cien años, con matices por supuesto. Quizá no seamos analfabetos como tal, pero si carentes en nuestra mayoría de conocimientos profundos que nos empujen a movilizarnos. Tratan, y parece que con éxito, de ocultarnos la realidad, la situación en la que estamos mientras adolecemos de ese inconformismo por seguir aprendiendo y por conocer nuestro entorno. Y lamentablemente si que nos acercamos peligrosamente a esa infelicidad y hambruna.

Hemos perdido poder adquisitivo, estamos a la cola de Europa en cuanto a sueldos, derechos laborales y sociales se refiere y a la cabeza en precariedad, índices de paro y población cercana o sumida en el umbral de la pobreza. Han tratado de “vendernos” una crisis para justificarse, como si eso pudiera paliar los ánimos y saciar la sed y el hambre de los que ya no reciben ni la prestación social, o abrigar a los que sufren desahucios promovidos por bancos usureros que han estado auspiciados por los políticos, y que hasta hoy no han hecho nada para evitarlo.

Pero tal es la evidencia que el día 12 de febrero se votaba en directo en el congreso la ILP acerca de la dación en Pago (el pan) junto con el intento de declarar los Toros como bien cultural (el circo)

El problema más grave es que se está acabando el pan, y seguimos viendo correr sobres que enriquecen a los receptores y nos alejan al resto del bienestar, duplicidad en estamentos oficiales, desahucios dramáticos, políticos que se suben los salarios, privatizan y recortan en sanidad y educación.

Ahora quizá con el pan no sea suficiente, somos una sociedad consciente e indignada, y cada vez más individuos nos vamos separando de la mayoría convencida en la política cíclica y conformista. Va a ser necesario un gran cambio social y económico que proteja a los más desfavorecidos y que obligue a colaborar a los poderosos con impuestos sobre sus lujos y excesos.

Ya no nos conformamos solo con Pan y Circo, queremos bienestar social, trabajo con sueldos europeos, educación gratuita, sanidad pública, políticos honestos aunque esto suene a oxímoron, vivienda digna para todos, ayudas para quien lo necesite e impuestos para los que más ganen. Tan solo tenemos que alcanzar el nivel tercero el de Afiliación, unirnos y acabar con los “partidos” que ya lo dice la misma palabra, nos dividen, nos parten,. Que podamos elegir a nuestros representantes por quienes son, por sus actitudes y aptitudes, no por haberse afiliado a un partido o por ser el hijo de algún cargo. Una vez alcanzado este nivel es cuando podremos decir “The show must go on”

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